–¿sí? ¿ha vuelto ya? bien, dile que se ponga.
–¿diga?
–volodimir, soy vladimir.
–sí, ya me han dicho que habías llamado antes.
–chico, eres difícil de encontrar.
–es que claro, como ahora puedo dormir por las noches, aprovecho las mañanas para hacer deporte.
–precisamente de eso te quería hablar: ahora dormimos por las noches.
–joder, sí. y me parece que la cosa va para largo.
–¿es que sabes algo? tú que tienes hilo directo con la casa blanca.
–¿tengo? ¡tenía, vladimir, tenía! manda cojones. y tú con pekín, ¿qué tal va la cosa?
–pues más o menos igual. hasta tuve que llamar a su puerta la semana pasada porque no había manera de que me pasaran con él. y todo por lo mismo.
–esto es una mierda. ¿qué tal los datos por allí?
–no sé cómo serán los vuestros al otro lado, pero si vieras los que se mueven por este ala del mundo te darían ganas de irte a la estepa siberiana y no volver.
–ya no nos ve nadie, vladimir. estamos más desfasados que los pantalones pitillo.
–¡se habla menos de nosostros en las redes que del premio nobel de medicina!
–pero si un colega mío que está en españa me dice que ya salimos casi casi antes de la cultura en los telediarios.
–mi reino por un misil.
–¡exacto! y ahora a ver quién va a pedir pólvora. con lo que hemos sido.
–ah, mi odiado volodimir, lo hemos sido todo. hemos dominado el mundo. pero claro, un día estás arriba, y al día siguiente, te pegan un codazo en el hígado y te lo quitan todo.
–¡es que no han dejado nada! ¿tú sabes la de periodistas que revoloteaban siempre por aquí? daba un gusto de verlos andurrear que si por aquí, que si por allá, con sus chalecos y cascos abrigando sus cuerpos y una historia que contar brotando de la comisura de sus labios. qué chiquillos. ¿y ahora? uno o dos pasean, taciturnos, con más oficio que beneficio. los demás, como si fuera en tu tierra: desaparecidos.
–¿periodistas? sabes bien que de esos ya no quedaban muchos por este lado, pero de todos modos no hay más que pasear por vuestros canales occidentales para saber quién se lo está llevando crudo ahora.
–puta mierda, vladimir. ya no se respetan los turnos. ¿y qué hay de los tratados internacionales?
–¡eso, eso! ¡ya no se respeta nada! se han perdido hasta los valores entre colegas. ¡con lo que hemos sido! ¡la de fines de semana inolvidables que hemos pasado en las playas de crimea! ¡la de apoyo que les he brindado!
–y al final no han esperado a que acabáramos.
–vaya mierda, volodimir. ni siquiera han consultado. ¡nada! un día va y lo revientan todo. y así, a ver qué hacemos.
–este año no quedamos ni en el top 10 del festival de eurovisión.
–qué más quisieras.
–y sin trending topics dime tú a mí, vladimir, cómo conseguimos más armamento.
–calla, calla, que ahora a xi le da por ponerme en espera cada vez que le llamo. y claro, ni munición, ni misiles, ni hostias.
–así no se puede hacer la guerra en condiciones.
–nos han barrido del mapa, volodimir.
–yo, que quería entrar en la unión europea y en la otan…
–y yo, que quería tejer un nuevo… ¿cómo lo llamaban en los 80 en occidente? ah, sí, telón de acero.
–y ahora, vladimir, ¿qué nos queda?
–un triste palco para aplaudir cada uno a su bando cuando nos quieran dar paso. como mucho. con vistas a una obra y con derecho a una bolsa con migas de pan para dar de comer a las palomas del parque… ¡ay, que me entra una llamada por la otra línea! ¡a ver si es pekín! te dejo en espera.
–hostia, ojalá. ya me dirás.
…
–¿volodimir?
–qué rápido. ¡cuenta, cuenta!
–falsa alarma. publicidad. mira que son pesados.
–ya solo nos llaman para que nos suscribamos a sus mierdas, vladimir, cuando antes se suscribían a las nuestras.
–no somos nada.
–menos que eso.
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