la palabra, de luto,
enmudece frente al acto,
cuando poder no es querer
y un alma es desollada
al compás de un resuello
estrujado entre el miedo y la pared.
impunidad manifiesta
sobre corduras de esparto,
nudos y vericuetos
que apuntalan
el mal que denuncian,
que aúpan
a la mitad con derecho de pernada.
todo vale nada,
incluso tu vida,
arrastrada a la cloaca
con silencios por encima del hombro.
dueños de nuestra moral,
les cedemos nuestro juicio,
nuestro mantel y nuestro quicio,
porque ese es el menor mal,
porque si no ganan los otros,
porque perder ni a las cartas,
por un simple y tú más,
porque lo dicen, y eso es así,
porque me lo creo, y ya está,
porque siempre es mejor
mirar a otro lado,
señalar de soslayo
y horrorizarse después.
que en este mundo de castillos de humo
cada cual intercambia su papel,
pero siempre igual, debajo de la alfombra,
donde mañana seguiremos siendo
otro lobo más para caperucita.
