corona de espinas (i)

una línea de puntos que rompimos.

no seguimos los pasos, los trazos, los rescoldos,

el desaliento de un mapa

al que llamamos político,

y cuyos caminos nunca nos llevaron a roma.

 

semblantes cruzados, sonrisas a media asta,

manteles de colores enarbolados

cual vacuna distópica.

telas que ya no cubren una mesa

porque no hay materia que caiga en el plato.

 

sucumbimos por nuestra falta de memoria.

siete días son un mes, un año, una vida,

oxígeno que cae de bruces ante el acopio de realidad

de nuestra madre naturaleza.

 

y ahora nos miramos,

hacia adentro, por obligación,

con la desesperación de los devotos

que nunca traspasan los límites

de la asepsia moral.

 

con el anhelo como causa,

con la norma por efigie,

con un mantra por reseña:

“que algo cambie para que todo siga igual”.

 

no existe el cambio sin revolución,

pero una revolución no es el cambio.

 

imagen de blenderfan.