entre dimes, diretes,
vidas y ruinas sociales,
habitamos una piedra
que va camino de encender
fogatas con pedernales.
la fauna se exhuma
de vertederos de estulticias,
la flora perfuma
reliquias mohínas,
fiebres del desencanto que desecan el desacato,
verbos obedientes que no saben a predicado,
objetos indirectos sin pronombres reflexivos,
con sujetos pasivos y llantos de santos y cocodrilos.
y mientras aquí somos, aquí estamos,
tú con una tuerca y yo con dos erres,
a veces serenas, a veces ascetas,
con una vuelta que ya huele a hierbabuena,
sin remilgos que apacigüen a las bestias,
sin premura que abrase nuestra esencia,
de la que beberemos un lunes por la mañana,
con la que brindaremos cualquier viernes,
martes, jueves, o festivo de lluvia intensa.
que para eso vivimos, claro que sí,
para crecer a tu lado y tú también conmigo,
para calmar el vocerío que poco sirve de abrigo,
para navegar por yermos páramos
sin ceder al desaliento,
para ofrecernos cobijo
cuando no quede nada más
que un relato abyecto, ajeno.
una historia tantas veces repetida
de lobos balando con pieles de cordero,
de hienas aullando en eternos desencuentros.
un cuento de perdices que nunca más serán felices,
una tesis sobre chispas, pedernales y fuego,
al alcance
de una mano impoluta e incorrupta,
con el tacto
de una inteligencia fría como el acero.
imagen de gerd altmann en pixabay

