carta de ajuste

qué jodido es levantarse un domingo por la mañana. da igual la hora que sea que siempre será jodido. los párpados pesan una tonelada, y el cuerpo, que no conoce la palabra solidaridad, dos. qué extraño, se ve que todavía no se ha despertado. parece como si todo a su alrededor hubiera pasado por un filtro que desenfoca todos los objetos a más de un metro de distancia. será cosa del domingo, de la edad, o solo de su cabeza, que ya empieza a poner un pie en el tedioso lunes olvidándose de las horas que le quedan del tan preciado día libre. un poco de agua fresca en la cara y desempañará todo velo matutino.

con los ojos entornados y guiado por la memoria, entra en el aseo, levanta la tapa del inodoro y deja que la necesidad natural siga su camino. al acabar tira de la cadena pensando que, a pesar de que ya no existan cadenas que tirar, seguimos manteniendo ciertas costumbres que dicen de nosotros más de lo que creemos. se acerca al lavabo, al grifo, el agua cae sobre las manos abiertas, se las lava, las pone en forma de cuenco y deja que se llene el improvisado recipiente. arquea su cuerpo y permite por fin que su cara se refresque con el líquido elemento recogido previamente.

el problema viene cuando se incorpora para mirarse cara a cara con el reflejo proveniente del espejo que tiene frente a él. no puede mirarse cara a cara, porque no es su cara.

ante él tiene a jorge javier vázquez.

otra vez no, piensa. otra vez no.

no puede dar crédito. después de tantos años vuelve a ocurrir. no sabe qué hacer. sale del aseo asimilando lo que acaba de ver, y se dirige a su habitación. en la mesilla de noche unas gafas que hasta este preciso instante nunca había visto. se las pone. le sientan como un guante, y le permiten enfocar el mundo que ante él se presenta. no puede ser. otra vez no. no sabe qué decir. fue hace tanto tiempo. ah, hablar. y de su boca salen despedidas las cinco vocales en forma de doble filo. todavía conserva su voz, ¿pero por cuánto tiempo? y es en ese preciso instante cuando es consciente de que no está solo en el mundo. cuando se viste percibe algo que nunca había realizado con anterioridad y que certifica la inexorable evolución que sigue su curso: ha renunciado a ponerse una chaqueta que no combina con la camiseta que lleva puesta. qué horterada.

sale a la calle, y contempla apesadumbrado lo que ya se esperaba mientras bajaba los escalones de dos en dos. en su calle todos son jorge javier vázquez. está sucediendo de nuevo.

puede ver a transeúntes con diferentes caras, a pesar de ser todas la misma, dependiendo de la fase de transformación por la que estén pasando. desde la negación a la desesperación, pasando por la aceptación y la resignación en forma de lágrimas y manos en la cara. sigue caminando, hasta que, varias calles más allá de la suya, una voz le sorprende tanto como cabría esperar en estos momentos. es la de antonio garcía ferreras.

solo a tres o cuatro manzanas de su casa la transformación sigue su curso, pero en un grado más avanzado y con cambio de apariencia. a solo tres o cuatro manzanas de su casa los ciudadanos que circulan por allí no solo tienen el aspecto del moderador de tertulias políticas, sino que también su voz. esto ya es inaudito. no está sucediendo del mismo modo ni a la misma velocidad.

esto no pasó la otra vez.

ahora ya no camina, ahora corre, abriéndose paso entre tanto ferreras, siguiendo a un instinto que ya le avisa de que un nuevo cambio está por llegar. y en cuanto intenta pasar entre dos antonios, se da cuenta de que su voz ya no es su voz. jorge javier es quien pronuncia perdón, ¿puedo pasar? gracias.

sigue, no para, siendo consciente de que dejará de serlo en un plazo de tiempo indeterminado, durante otro periodo de tiempo que nadie podrá certificar. como ya suce…

cruza una nueva calle y escucha una voz tremendamente familiar, y al mismo tiempo, tremendamente inesperada. en ese momento despierta del trance en el que se halla para percibir que en este lugar todas las personas que la pueblan son josep pedrerol. y esta vez en fase avanzada de metamorfosis: ya no caminan, solo están sentados, o de pie, hablando al aire, acompañando sus palabras con los gestos que tan populares se llegaron a hacer. desde retratado con la mano derecha abierta y levantada frente a su cara, como el no menos clásico esta es la alineación de la noche.

no puede parar. sigue avanzando, asimilando que su vida se pausará en cualquier momento. que una vez volvieron, pero que no sabe si es lo que ocurrirá en esta ocasión.

por fin abandona la zona pedrerol y llega a una nueva donde esta vez sí, está casi como en casa. otra región de jorge javieres, pero estos ya completamente transformados: qué fuerte.

son las últimas palabras que surgen de su mente consciente, qué fuerte, y la imagen de lo que sucedió hace ya más de veinte años. entonces todo fue igual pero distinto. la última vez la conversión fue unívoca, unipersonal.

érase una vez una sociedad que se transfiguró en javier sardá (todavía no xavier y todavía sin tilde abierta). durante un tiempo por determinar. y volvieron del trance. y no encontraron explicación. y siguieron con su vida.

parece que no del todo.

¿o tal vez sí?

 

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