
una línea de puntos que rompimos.
no seguimos los pasos, los trazos, los rescoldos,
el desaliento de un mapa
al que llamamos político,
y cuyos caminos nunca nos llevaron a roma.
semblantes cruzados, sonrisas a media asta,
manteles de colores enarbolados
cual vacuna distópica.
telas que ya no cubren una mesa
porque no hay materia que caiga en el plato.
sucumbimos por nuestra falta de memoria.
siete días son un mes, un año, una vida,
oxígeno que cae de bruces ante el acopio de realidad
de nuestra madre naturaleza.
y ahora nos miramos,
hacia adentro, por obligación,
con la desesperación de los devotos
que nunca traspasan los límites
de la asepsia moral.
con el anhelo como causa,
con la norma por efigie,
con un mantra por reseña:
“que algo cambie para que todo siga igual”.
no existe el cambio sin revolución,
pero una revolución no es el cambio.
imagen de blenderfan.
