esta mañana
me encontré paseando
entre valles y montañas,
entre páramos y altiplanos,
hasta que me sorprendió la tormenta
sin lugar donde guarecerme,
así pues, calado hasta los dientes
corrí hacia ningún lado,
preso de mí, también apresurado,
y, no pudiendo llegar a destino alguno,
me paré, caí rendido
frente a las aguas cristalinas
de aquel hermoso lago.
y la tormenta cesó.
fue entonces cuando reparé
en las imágenes de aquel enorme espejo,
me acerqué bien a la orilla, para no perder detalle,
y mi latir dio un vuelco
al brotar el mundo en millones de añicos.
millones de partes que conforman
una realidad subjetiva,
un bucle infinito sin paliativos,
una certeza en crudo
sin espacio para perfumes o ambages,
una enorme bola de fuego
que navega por la senda de la ignominia,
un camino tantas veces cursado
que nunca aprendemos a dominar su trazo.
toneladas de balas y bombas
silbando entre escombros y herrumbre,
cuerpos sepultados por voluntad popular,
invasiones de horror y podredumbre,
la dama y su guadaña no dan abasto,
padres, madres y niños, muchos niños,
fenecen porque la razón cambió de bando,
porque un asiento es más importante
que los cuerpos sin vida sobre los que yace descalzo
el nuevo concepto de humanidad,
aquel que mira con ojos cerrados,
boca sellada y golpes de efecto
en campañas de ponzoña y escoria.
mientras escribo estas líneas
otro niño más ha muerto.
y otro más.
y otro más.
y otro…
pero también llueven balas
sobre estepas septentrionales,
por un conflicto tan vigente
como de nuestro mapa desaparecido,
que nos puso en pie
porque los que sufrían
eran todos blancos y rubitos.
conflicto aquel
en tierras baldías, yermas, desoladas,
donde el sol alumbra pero no calienta,
donde la lluvia no cala ni asusta la vileza,
donde ya ni la pesadumbre pesa,
donde una vida sigue valiendo
menos que un cero a la izquierda.
¿y por aquí?
es que por aquí no llegan los disparos,
afirma el cansancio por desgaste,
el lastre de vivir en un rascacielos
con cada vez más pisos y sin rozamiento,
lastre para los que ocupan las primeras plantas,
más cerca del suelo,
más lejos del alma,
abrazados a una idea,
la de llegar al día siguiente
aunque sea
a costa del vecino de enfrente.
los que viven abajo, qué perspectiva,
no los veréis mirar
más arriba de su frente,
por sentido común, lo llaman,
porque el fin de mes sucede cada mañana,
porque el trabajo les libera
de la carga que atesoran,
porque mirar hacia arriba da vértigo,
porque la luz les ciega por artificiosa,
porque saben qué son
pero no saben cómo verlo.
tantas historias, tantas vidas,
y solo quiero hablar de una,
la tuya.
porque me haces falta tanto como respirar,
porque sé que eres reflejo
y contigo me veo en una verdad
de unos ojos que ya no sangran,
de una boca que dice más que palabras,
de unos labios que intuyen la senda
que recorren nuestros cuerpos a tientas,
de unos dedos que marcan los pasos
de nuestras vidas a pie de pista.
ahora soy consciente
de que gracias a ti
veo los añicos
de un mundo que antes solo intuí.
imagen generada por inteligencia artificial.

