parapetos

 

sé que estoy robando minutos al segundero

cuando despejo la incógnita

en la ecuación de la desidia,

ahogadas quedan ya

las rutinas y sus jerigonzas,

las lágrimas y sus lisonjas,

la importancia de mi ansiedad vacua,

que huye

al callejón de las penumbras

donde desaparece

entre urgencias disipadas

y baldíos retruécanos que anticipan el olvido

de un yermo sentido del éxtasis del instante.

 

fuegos de artificio que hipnotizan

pero no calan,

momentos varados en playas de pedernales,

de obtusas aristas y febriles cantos,

cacofonías de salón sin portaequipajes

donde guardar aquello que nos define,

los sentidos que esculpen

el camino de nuestros pasos,

el relieve de nuestra cartografía,

la caricia de tus palabras

que son bálsamo en mis párpados,

la mirada cómplice

de dos seres habitando el desacato,

el sonido del latido

cuando mis dedos conectan contigo,

el olor a brisa marina

al despertar con la imagen de tu sonrisa,

el sabor del aliento

que marca el momento de nuestros encuentros.

 

cielos despejados y ciertos,

como nuestras manos,

que se alcanzan y culminan

el hábito de buscarnos a tientas,

de intuirnos a medias,

de realizarnos en el intento

de querer ser a pesar

de la ausencia de red,

de la niebla de vivir cada día,

de las tormentas de la niñez,

del huracán de la norma

que yace a nuestros pies

como tabla sobre escarpadas olas,

como el minuto en el segundero

y su cadente bucle infinito,

sin causas ni destinos,

sin infiernos ni paraísos,

solo tú y yo

siéndo

               nos

yaciéndo

                  nos

diluyéndo

                    nos

en la cálida calma

de amanecernos vivos.

 

 

imagen de «el beso» de gustav klimt, vía historia-arte.com