no solo es agua,
sino redobles de tambores
en las guerras de pasiones
que el rocío presenta cada mañana.
no solo es tierra
el desayuno de nuestras dudas,
las caricias desnudas
de un latir encapsulado,
ansioso por desatar la tormenta
en el alféizar de nuestras veladas.
no solo es aire
el que sustenta nuestras acciones,
el que alimenta los pulmones
de mareas de alcoba
a los pies de la memoria,
vacía de todo instante
que no sea presente de indicativo.
es también fuego,
el que consume los cimientos
de un pretérito anterior,
de nuestro antes sin tú ni yo,
de por qués sin fuste,
de dragones en confines
barridos de la faz de nuestra presencia,
de precipicios de arena
en lo más hondo de nuestra conciencia,
de límites difusos
en ignotos mares sin tregua ni consciencia,
en la odisea de un trayecto
marcado por la cadencia
de un caminar señalado
con colores de lápices aún por inventar.
