dos negaciones firman una afirmación, dos afirmaciones una yuxtaposición

renqueando entre renglones

para sonsacar una palabra

al músculo exhausto

de tanto palpitar,

ávido por una descarga

que le devuelva el ansia

de mecerse en el camino,

de acariciar las espinas

para que brote la sangre

y que no vaya a coagular.

 

necesitamos la señal,

la luz que nos confirme

que estamos, y que estamos

cansados de esperar.

 

cansados de rimas en infinitivo,

de infinitos cambios de variables

que encumbran el humo como valor añadido,

cansados de intereses propios

vestidos de colectivos,

cansados de disparos a bocajarro

en la cara de un niño

que sueña, como nosotros,

pero que habla y reza distinto.

 

sueños que solo se cumplen

si vives más acá del paraíso,

paraíso que por imposible

solo existe en el horizonte,

allí donde nos susurramos

tormentas, pasiones y borbotones,

anhelos, sudores y temblores,

dudas, penumbras y temores,

abrazos, besos y premuras,

abrigos, cobijos y ternura,

mareas, lenguas y paladares,

sístoles, diástoles y un instante,

el que vive y pervive

al margen de mochilas y reglajes,

el momento en el que ser

está por encima de identidades.