tambores

 

mientras el suelo arde,

resquebrajado a nuestros pies,

las miradas buscan una luz

con la que poder cegarse.

 

es falso que la verdad

sea admitida a trámite,

es cierto que sin tormentas

las descargas vendrán

a nuestro lodazal,

a sembrar melifluos rencores

que aviven las llamas

que precedan a la inevitable quiebra.

 

no se resigna

la naturaleza a ser,

porque es.

ni me oculto ante el reflejo

de tus pareceres,

ante la emoción de tu gesto vacío,

ante el torrente de torniquetes

posterior a la siega de extremidades.

 

ya no danzo,

porque no somos son,

porque no me corresponde un quizá,

porque estoy cansado de justificar,

porque pequeña es la rueda

y grande la inmensidad

que ya me ve llegar.