si te dicen que caí
no fue para tomar impulso,
o por parar un par de segundos.
tampoco fue
para aprender a levantarme,
para afrontar con más fuerza la vida
ni para destruirla desde su base.
si te dicen que caí
fue por el mero hecho
de querer aterrizar entre tus piernas
y arrancar
de un bocado tus bragas.
por conocer el lugar
tras el festín de tus nalgas,
buena tierra para labrarla
con el rocío de la mañana.
por sumergirme
en el océano de tus pechos,
puerta abierta, sin duda,
al corazón de tu deseo.
por escalar
por el balcón de tu cuello
a la cumbre de tus labios,
al reflejo de tu alma.
sí, en efecto,
caí,
por querer llegar a ti,
ataviado nada más
que con unas alas de cera.
ingenuo transporte
para los que dormimos
a espaldas de la luna llena,
los que aprendimos a avanzar
con palos incrustados
en las ruedas de la bicicleta,
los que cuadramos el círculo
entre el presente de indicativo
y el futuro imperfecto.
