la vida y sus etapas. podría relatar recuerdos y recuerdos, que, aunque jure y perjure que los viví de esta o de aquella manera, lo cierto es que siempre pasan por el tamiz del presente de indicativo. qué bonita la niñez, la inocencia y la pena, la idolatría y la belleza de respirar a manos llenas. ahora soy consciente de la adolescencia y su desobediencia, la rebelión contra el sistema hasta entonces preponderante: la autocracia parental. los límites eran desafíos y las barreras lugares por donde saltar. y precisamente de salto en salto llegué a la edad adulta, con alguna cuenta pendiente y un mundo por vivir y saborear.
en fin, que en esos pensamientos me hallaba el otro día en casa de mis padres, antiguo régimen en tiempos remotos y nueva normalidad al cruzar la treintena. me acerqué a visitarlos, como suelo hacer cada pocos días. qué tal el trabajo, cómo llevas la semana, he visto esta oferta en el súper… lo típico. salvo el día de hoy. mi padre estaba ausente.
–¿dónde está papá?
–ha subido a la planta de arriba.
–¿y eso?
–qué sé yo, hijo mío. estábamos viendo la tele cuando, de repente, se ha levantado, ha dicho que ahora volvía, y ya ha pasado casi una hora.
esperamos otro poco más. mientras las imágenes que surgían de la pantalla plana se sucedían en forma de lo que se suele llamar magacín vespertino, o programa de la tarde de toda la vida. y precisamente esta misma llamó a mi puerta, sin avisar, y ocupó cada rincón de mi pensamiento. tanto fue así que mi madre tuvo que poner de su parte para sacarme del trance.
–pero muchacho, ¿qué te pasa?
–uy, perdona, mamá. estaba más que en otro lugar, en otro tiempo.
–tú y tus cosas… papá no baja. ve a ver qué le pasa.
subí a la planta de arriba, y una vez allí, me di cuenta de que mi padre andaba encerrado en el cuarto de los recuerdos enterrados. volver a entrar en esa habitación me transportó a viejos momentos, a cuando era niño e íbamos a casa de mi abuela. ese olor al entrar, entre húmedo y rancio, que no llegaba a identificar si era una cualidad adquirida por el inmueble con el devenir renqueante de los años o es que la inopia social que asistió a la progenie de mi progenie imbuyó los cimientos con ese toque retrógrado y anquilosado.
y por allí andaba rebuscando, abriendo la puerta de este armario, cerrándolo, levantando la tapa de aquel baúl, llevándola de nuevo a su posición horizontalmente natural. el hombre seguía en su empeño. daba la impresión de haber dejado la senectud en el alféizar de la puerta de la habitación y caminaba como un robot aspirador de aquí para allá, chocando con muebles, arcones y roperos.
–hola, papá. te encuentro azaroso– quise añadir con cierta sorna.
–hijo mío, ríete, pero estamos en un momento histórico crucial.
–¿por? ¿la selección femenina de fútbol? ¿la nueva champions league del real madrid? ¿el concurso de eructos del barrio de al lado que ha pasado de las redes sociales a programas de televisión de máxima audiencia debido a su popularidad masiva?
–qué más quisieras. tú siempre tan irónico. pues tienes que saber que se te va a borrar esa sonrisita de superioridad que tienes ahora mismo. ¿es que no te has enterado?
–¿enterado de qué?
–ay, cómo eres. tan listo para unas cosas pero luego parece que habitas en otro universo. ¿te crees que le iba a pasar solo a la moda? ¡todo vuelve!
–¿y qué es lo que ha vuelto?
–no hace falta que tengas redes sociales, pero allí estarías mejor informado que en los medios de destrucción social masiva a la que llamas prensa. de todos modos no te preocupes, que para eso tienes a tu padre.
–ilumíname, por favor.
–¿no has visto cómo de un tiempo a esta parte, en general, la población está más cabreada, más polarizada? pero no solo aquí, sino a nivel mundial.
–sí, claro.
–pues es a causa de lo que nos están inoculando a través de los chemtrails con los que las grandes corporaciones, en connivencia con los gobiernos del mundo, están obligándonos a respirar. y la culminación de este hecho vino con una pandemia global que «casualmente» no se conoce cómo fue su origen, si en forma de animal salvaje o de un «error humano» en un laboratorio que «casualmente» está situado en la zona cero de la pandemia global. ¿para qué nos querían encerrados y amedrentados? para poder vacunarnos, y con la vacuna introducirnos un chip con el que nos controlan desde el despacho unos señores que, si ya lo sabían todo de nosotros, además ahora tienen nuestras vidas en sus manos. pero claro, ¿dónde huir? si los medios de transporte están secuestrados para que no lleguemos al confín del planeta debido a que si lo hacemos seremos testigos de lo que nos han querido ocultar desde un principio: la tierra es plana. y es plana porque dios así lo quiso. y por qué lo quiso forma parte del misterio divino, del plan que dios tiene para nosotros. y esto último es algo totalmente refrendado de forma objetiva, ya que son cada vez más los que creen en la ciencia de la creación que en la moda de la evolución.
–ya veo. es superinteresante. y lo has dicho del tirón y casi sin respirar.
–para que veas que me estoy poniendo al día.
–muy bien, papá. ¿y qué tiene que ver esto con el viaje a la tierra de nunca jamás?
–te equivocas con llamar así al cuarto de los recuerdos, los cachivaches y los trastos. todo vuelve, hasta la libertad de pensamiento único.
–recuerdos del pelo largo, que diría la canción.
–exacto. y por eso estoy buscando mi salvoconducto por si vienen por casa a pasar lista, que no será mi primera vez… ¡aquí está!
–¿ya lo has encontrado? ¿y qué es lo que has encontrado?
–el nuevo viejo método científico.
–estás para que te encierren. ¿el nuevo viejo método científico?
–por supuesto, hijo. mira.
y me enseñó aquel libro que tenía enterrado entre un mar de objetos olvidados. solo eran tres palabras, pero esas tres palabras definían perfectamente todo y nada al mismo tiempo. el tiempo perdido y la causa justificada, el tener y el haber, el ser y el suponer, el saber y el creer. las tres palabras eran la santa biblia.
–amén, padre–alcancé a decir.
imagen obtenida a través de inteligencia artificial.

