los inicios,
una mezcla de turbidez y ceguera,
una sordera implícita
del sístole al diástole,
y viceversa.
pero el tiempo
obra su magia,
colocando cada pieza
en su lugar.
y llega la claridad de ideas,
la asunción de consecuencias,
la indiferencia,
la falta de expectativas
en el otro,
en el espejo.
las respuestas ya no ilustran
ni las preguntas enriquecen.
existir ya no es rutina
sino tradición y costumbre.
y el cuarto oscuro del deseo,
olvidado en un rincón del olvido,
es una carretera de sentido contrario,
una baja sin su pleamar,
una pieza de museo más,
una mala imitación de la vida.
dicen que
todos los caminos
convergen
si vas hacia roma.
pero también
divergen
si sales de ella.
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