un niño estaba
en el umbral de tu puerta,
esperaba a que abrieras,
permitiendo así
que el niño creciera.
y la abriste,
de par en par,
y el niño, que soy yo,
creció sin saña ni pena.
atravesé el marco,
llegando
al quicio de tu existencia.
una mirada,
una sonrisa tuya,
y ya no concibo
vivir de otra manera
que no sea
contigo.
cierro los ojos,
y más los tengo abiertos,
abiertos a ti y a tu ser,
a que seas manantial
que aplaque mi sed,
a que seamos
cómplices de la razón
y perdamos el norte,
las prisas y las pausas,
los nudos gordianos
en los vericuetos del alma.
por fin ha llegado el momento
de dejar el tiempo de lado,
de jugar con el espacio
de tu sola presencia,
puerto y velero,
rumbo y mar.
y de repente
se intensifican los sentidos,
y navegar por tu cuello
es mucho más que un vicio,
caminar entre las olas de tu pelo
es perderse en el más bello paraíso,
anclar tus labios en mi presente
es el timón que necesito,
surcar los pliegues de tu cuerpo,
bucear hasta lo más alto de tu olimpo,
es naufragar en el alféizar del deseo,
es crecer de formas
que jamás creí que podría.
y ya no concibo
vivir de otra manera
que no sea
contigo.
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