ya no me sorprende
que el punto de apoyo esté tan lejano,
que mover el mundo salga tan caro,
que se confundan los opuestos
y que me empujen a un extremo.
ya basta,
por favor,
que la sociedad es presa de su temor,
que solo creemos lo que nos merecemos,
que cuestionamos hasta lo que nos une,
el común de los sentidos,
el sudor de nuestra frente,
mientras la naturaleza humana
de inanición fallece,
abrazada al desaliento,
creída y descreída al mismo tiempo,
supersticiosa y superchera a partes iguales,
ansiando por momentos
que se desate el fuego
aunque sea a golpe de pedernales.
ya no me sorprende
que cambiemos la llama por el humo,
que la cólera se desate
contra objetivos desenfocados,
contra el desespero y el desamparo,
contra los que no les damos derecho
y los que usan el pie izquierdo.
contra natura,
contra viento y marea,
a favor siempre del estallido,
del redoble de tambores,
de la muerte y del olvido,
del mirar hacia atrás
con la mano en alto
y la pluma en lo más bajo.
maldito tira y afloja que no cesa,
a un lado el hambre
y en el otro la pobreza,
a un lado la necesidad
y en el otro la bajeza,
la cobardía de no mirar a los ojos,
de hablar con enmiendas que revientan
cualquier puente hacia la convivencia.
nos hemos creído su relato,
el de conciencias vacías y palabras huecas,
el del desafío trasnochado,
el de la culpa y la revuelta,
el de ser libres para pensar
como el que dicta nuestra sentencia.
libres para vivir uniformados,
libres para ser los más machos,
libres para que ellas obedezcan,
libres para difundir el odio,
libres para erradicar
el pensamiento como identidad,
el sentimiento como la fuerza
que mueve y remueve
la verdadera libertad de nuestra esencia.
y si esto fuera todo,
¿por qué seguir de pie?
¿por qué caminar con la espalda recta?
porque hay un mundo, sí,
de codicia y ligereza,
donde los pájaros no vuelan,
donde ya no existen las abejas,
pero ese quebranto enmudece
cuando siento tu presencia,
cuando me sumerjo entre tus trazos,
cuando son tus labios los que me llenan,
perpendiculares ambos, y también cálidos,
apasionados, como la vida entera.
porque latir nunca será pecado,
porque renunciarte
sería condenarme
a vivir en una calle sin aceras,
a tener amaneceres sin luz del día,
a ser un niño que colorea
sin salirse de la línea.
imagen generada por inteligencia artificial

